domingo, 13 de abril de 2014

El otoño derrumba todo aquel que yace en sus ramas en primavera

No es simplemente depresión dijo el psicólogo, no es simplemente ganas de matarte dijo el psiquiatra, -señorita usted se desconecto del mundo y se nota que no quiere volver a estar en él- Nadie con ganas de vivir lo suficiente se desconecta, debo admitirlo, yo siempre he creído que debo tener una vida corta, sin que nadie se entere de mis planes y siempre dejar claro que nadie me ha matado.

Ustedes nunca entenderán este sentimiento hasta que alguien los desarme de verdad, sí, existe gente en el mundo con el poder de destruir a otras, sin necesidad de armas, sólo hechos.

Ella esperaba rescotada boca abajo sobre la rama de un árbol alto, que quedaba mirando al precipicio, esperaba descolgada, parecía una muñeca de trapo perdida entre tantas mierdas que tenía en la cabeza. Ella sólo esperaba a que nadie la rescatara, sólo morir sola dentro de la amargura que la invadía,  ¿para qué necesitas la gente? Se preguntaba sin respuestas, aveces pensaba en que debería cargar un arma y matar todas las personas que hacían del mundo un lugar poco agradable, es decir: todos aquellos que se colan en el transmilenio, la gente mal agradecida, los ladrones, los egoístas, la gente que no ayuda a los demás, la gente bruta, los que dejan de hablar sin razón, los manipuladores, los que hablan mucho, los manipulados, los que no les gusta ni los animales ni niños, los que no disfrutan, violadores y ahora que está de moda, los que queman la gente con ácidos; pero ella sabe que no está bien matar gente, por eso sólo se enfada con el mundo mientras la destruye.

Uno de tantos días se despertó y se fue a acostar en el árbol, no quería comer como era de costumbre se sentía mal por eso, estaba asombrada que las personas que la dañan de igual forma se preocuparan por ella, pero eso no era lo importante, lo interesante del día es que otra vez tenía ganas de matarse a pesar de todo. Ella tiene todo planeado, sólo esta esperando el momento para hacerlo, sabe que debe hacer varias cartas despidiéndose, una advirtiendo que nadie la mato, que ella sola lo hizo, otras pidiendo perdón y otras declarando el odio incondicional que comenzó a sentir hace poco,  pero tiene algo claro, quiere que donen sus órganos a alguien que los necesite de verdad, pues ella ya no los quiere ni necesita.

Ella sabe que quiere morir y que le hará daño a la gente cuando lo haga, pero no es capaz de afrontar la vida y lo ve necesario, ella sabe que es un problema de su generación, que creció entre la gente hipersocial y los hiperindividuales, y debe moverse entre esas dos, sin saber ni siquiera a dónde pertenece, necesita su espacio, su tiempo, pero le hace falta gente que quiera compartir el mundo con ella, que no le importé la plata, sino guardar los momentos, pero se está quedando sola en dónde no entiende nada, en donde al parecer importa más sonreír hipócritamente, que hacer feliz a alguien con pequeños detalles, al parecer es más importante decir las cosas malas, que obrar de manera diferente, ella sé siente estancada, entre tanto pesimista y abrumado.

Otra vez estoy hablando de más sobre ella, perdón, pero aveces es bueno dejar salir las cosas, ella sólo necesita sacar todo, al menos eso dice el psicólogo. Que hay que encontrar todos esos momentos de ruptura, que nos dejaron en este desafortunado estado, y para mi ese momento, es justo cuando se está acabando la primavera y esta llegando la tormenta de otoño derrumbando todas las hojas de los árboles, todas las personas que yacen sobre sus ramas, para darle pasó al frío invierno. Ese justo momento donde caes y no quieres volverte a levantar. Pero lo bonito de la naturaleza, es que siempre vuelve a florecer, de alguna manera extraña,  vuelve el verano, la primavera, luego el otoño y termina contigo el invierno.